México y el gasolinazo.

En México, el tema de esta primera semana del año ha sido el gasolinazo. Los mexicanos se encontraron con el inminente hecho que a partir del 1 de enero del presente año,  el precio de la gasolina se incrementaría, aproximadamente, en un 20%. Comprensible y como es de esperarse, la noticia tuvo una recepción negativa en la mayoría de la población

El reciente aumento en los combustibles forma parte de una estrategia que consiste en la liberalización de los precios y flexibilización del mercado. En concreto, se inició en 2008, mediados del sexenio Calderonista, con la gradual eliminación de los subsidios; sin embargo, fue con la Reforma Energética de 2014 y la Fiscal de 2015, que adquirió su forma y proporciones actuales.

Lo anterior se da en un contexto en el que el actual gobierno se ha caracterizado por la falta de transparencia, la corrupción, la opacidad, el derroche de recursos y la ineficiencia para obtener los resultados que prometieron a inicios de su gestión. Además,  a ello  hay que sumarle el magro desempeño económico, resultado directo del mal manejo que han dado a nuestra economía; así como la creciente inseguridad y violencia que han asolado a nuestro país.

Como resultado del gasolinazo, el caos y la desinformación han imperado. Un tema que, evidentemente, está altamente politizado. Partidos políticos, tanto de izquierda como de derecha, han aprovechado la oportunidad para sacar ganancia, en vista de las próximas elecciones en 2018. Y es así como la culpa del gasolinazo la tiene Peña Nieto y su “doctrina del shock”, la reforma energética, la reforma fiscal, y el “PRIANRD”, entre muchos otros casos. Una conducta, por parte de nuestros políticos, que además de ser francamente reprobable, solo ha contribuido, aún más, a enturbiar la situación, impidiendo así que la población sea bien informada.

Desde los últimos días del año anterior, el gasolinazo comenzó a ser noticia. Rumores sobre la escasez de combustibles en algunos municipios y estados se esparcieron por todo el país. El gobierno de la república, pronto, salió a desmentir dichos rumores. No obstante, el desabasto de algún tipo de gasolina fue un hecho que muchos pudimos constatar.

Las protestas y manifestaciones, por el aumento de la gasolina, no se hicieron esperar. Prácticamente, en cada ciudad importante del país la población ha salido a marchar, exigiendo, así, al gobierno federal de marcha atrás con el “gasolinazo”. Los manifestantes han bloqueado avenidas principales, tomado casetas de peaje en carreteras importantes, gasolineras, así como  clausurado, simbólicamente, algunas dependencias federales.

A pesar de que las acciones anteriores afectan a la población en general, impidiendo muchas veces la libre circulación;  la violencia, también,  se ha hecho presente. Destrucción de la propiedad pública, vandalismo, robos y saqueos a tiendas de autoservicio, han acontecido en los últimos días. Mucho se ha especulado sobre si los responsables de estos actos son infiltrados del gobierno o no, con la clara intención de desprestigiar las protestas. Cierto es que no sería la primera vez que el gobierno usara este recurso. Sin embargo, no existe ninguna certeza sobre tal hecho. Sean infiltrados del gobierno o hechos aislados provocados por algunos ciudadanos inconformes, el robo y destrucción de la propiedad pública y privada no son de ningún modo hechos justificables.

Peor aun, casi todos los medios de comunicación pasaron a cubrir las manifestaciones y los saqueos. Muy pronto el tema del desabasto, el aumento de los precios, el alza del dolar, el regreso de Videgaray y otras noticias, pasaron a ser , parcialmente, desapercibidas.

Y hay que decirlo, resulta obviamente sospechoso. Si bien no se sabía con exactitud cual iba a ser el precio de la gasolina en 2017, si se sabía que los precios se “liberalizarían” y los subsidios “terminarían”. Los hechos que dieron como resultado el gasolinazo, en parte, se fueron gestando desde inicios del presente sexenio. De hecho, desde el segundo año de la administración de Peña Nieto, las bases y estructura del sector quedaron, en lo general, establecidas.

No obstante, el desinterés de la población, la desinformación y la politización del tema, impidieron que un mensaje claro y transparente llegará a la población. A ello hay que sumarle el populismo característico del PRI. Ante la creciente desaprobación e impopularidad que ganaba Peña Nieto, al gobierno de la república le pareció una brillante idea que el presidente, en un mensaje en cadena nacional, prometiera que los gasolinazos eran cosa del pasado y que en un futuro cercano tendríamos precios bajos y accesibles. Nada mas lejos de la realidad.

Ni el decreto del gobierno más poderoso del mundo puede alterar las leyes de la economía. Sin lugar a dudas, el mensaje del presidente estuvo totalmente fuera de lugar. Como todo un planificador central y acostumbrado a fijar precios a la soviética, se creyó capaz de predecir el funcionamiento y reacción del mercado, no solo del nacional sino del internacional. Su mensaje fue falaz y mentiroso, y por ello debería de pedir disculpas y retractarse.

Aunque hay un hecho bastante curioso. La única mención que se hace sobre la supuesta baja de los precios de los combustibles, es en aquel mensaje que el presidente emitió.  Si uno acude a la información que el gobierno federal tiene acerca de la reforma energética en la web (http://reformas.gob.mx/reforma-energetica/que-es), no se encuentran menciones o comentarios que aseguren que el precio de la gasolina bajaría. Ni en los resúmenes o los documentos ampliados, mucho menos en la legislación se hace alusión a la baja de los precios de la gasolina.

Así que aunque la documentación ha estado siempre disponible, la desinformación se propagó. Convenientemente, en vísperas de las elecciones federales de 2018, el pandemónium se ha desatado. Tristemente, sería errado afirmar que las manifestaciones son, genuinamente, un movimiento que nació del pueblo, cuando los hechos parecen indicar lo contrario.

La violencia, el ruido y las multitudes poco hacen para solucionar el problema. De hecho, su protesta, prácticamente, no tiene ningún objetivo en común. Las pancartas y las consignas solo piden dar atrás al gasolinazo, pero no dicen de que modo, y poco parece importarles. Para dar solución a un problema, primero hay que conocerlo a fondo y analizarlo, solo después de hacerlo se pueden ver los caminos a seguir.

Como es costumbre, el gobierno culpó inicialmente al libre mercado, al afirmar que el alza se debía al aumento de los precios internacionales de la gasolina. Mientras otros culpaban a la Reforma Energética y al desmantelamiento de Pemex, o a la Reforma Fiscal y los altos impuestos. Lo que han hecho es simplemente, y de acuerdo a sus intereses, buscar un chivo expiatorio a quien puedan culpar para ganarse el apoyo popular y así erigirse como los paladines de la democracia.

No obstante, cuando se sesga u omite información, se llega a conclusiones erróneas. Por lo tanto, quiero compartirles lo que originalmente surgió como un ejercicio meramente personal. A finales de esta semana, espero,  les compartiré un post que tratará sobre los precios, subsidios e impuestos a los combustibles; el cual resulta primordial en nuestro actual contexto. Una vez leído, ustedes tendrán un elemento más para juzgar si las decisiones que nuestros gobernantes han tomado son las óptimas.

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