Fuego y Cenizas: La Revolucion Francesa según Thomas Carlyle.

Fuego y cenizas: La revolución francesa según Thomas Carlyle, es una antología; capítulos y secciones que han sido cuidadosamente seleccionados por la escritora e historiadora Ruth Scurr, la cual es profesora miembro de Gonville & Caius College, Cambridge.

Hago énfasis en aclarar que es una antología para que no crean que es la obra completa. Ingenuamente yo creí, cuando lo compré, que se trataba de una edición íntegra. Aunque desde la portada del libro aclara que es una antología, posteriormente, en el prólogo de Scurr, se retoma este tema.

La obra original de Thomas Carlyle, se titula “La Revolución Francesa: una historia“, publicada originalmente en 1837. Las ediciones más recientes y completas de esta obra constan, alrededor, de 800 o 900 páginas; dejándonos así más accesible la, breve, antología que hace Scurr, la cual no pasa de más de 200 páginas.

El hecho de ser un libro condensado, aunque no propiamente lo es, podría desalentar su lectura a algunos. Personalmente, evito a toda costa este tipo de libros, peor aún, aborrezco aquellos que no avisan desde el inicio que no se trata de la obra completa. Últimamente me he encontrado con algunos ejemplares que, a excepción de este, solo aclaran que es una versión cortada casi hasta el final del prólogo. A pesar de no ser un defensor de los libros condensados, creo que esta es una buena opción para conocer acerca de la obra y el autor. De tal modo, que nos sirva como una prueba del estilo y la narrativa del escritor, una vez hecho podemos decidir si comprar o no la versión completa. Lo cual nos puede ahorrar mucho tiempo y dinero.

No obstante, dejando a un lado el detalle de que es una antología, el caso particular de su escritor (Carlyle) es bastante interesante. Tanto su vida como las circunstancias que rodearon a esta obra son bastante singulares.

Carlyle, desde una muy temprana edad, 19 años aproximadamente, abandonó sus estudios en teología para dedicarse de lleno a la literatura. O en sus propias palabras, este era su sentir:

“La Prensa y la Literatura son la única, y militante iglesia de los tiempos modernos. ¿Por ventura el literato no es un predicador que difunde las ideas sin limitación de tiempos ni de lugares, sino continuamente, por dondequiera y entre todos los hombres?”

carlyle

Sin embargo, durante gran parte de su carrera las cosas no marcharon tan bien. Sus primeros trabajos consistieron en algunos ensayos, artículos y traducciones para diversos medios. Estas obras, aunque hoy son muy reconocidas, en su momento no le reportaron grandes beneficios ni mucho menos tuvo una buena recepción por parte de la crítica. Situación que lo condujo a vivir en condiciones económicas muy precarias, que lograba subsanar, medianamente, con una plaza como profesor particular. De igual manera, es una de las causas más probables de su condición de intelectual solitario, taciturno y amargado.

A título personal, considero que un parteaguas en su vida fue conocer a John Stuart Mil, el escritor de “Sobre la Libertad”. La amistad con Mill y su creciente insistencia fue lo que orilló a Carlyle a escribir “La Revolución Francesa: una historia“, obra que lo haría mundialmente conocido. Se dice que Mill había recibido por encargo escribir una obra sobre la revolución francesa, pero debido a sus múltiples compromisos convenció a Carlyle para que fuera él quien la escribiera.

La oportunidad que se le presentó fue la idónea, ya que dada su pobre condición económica, esta obra le reportaría ganancias suficientes para solventar sus necesidades. Además, Caryle en diversas ocasiones comentó que se sentía insatisfecho con algunas de las obras existentes que trataban sobre La Revolución Francesa, ya que, para él, fracasaban en explicar fielmente dicho fenómeno social.

Claro, esta obra no es producto de pura suerte o casualidad. Carlyle poseía una gran capacidad intelectual, era capaz , en poco tiempo, de adquirir grandes conocimientos sobre algún tema en particular. Desde tiempo atrás se había ido documentando sobre este hecho histórico, además, Mill contribuyó a esta causa proporcionándole más material.

La obra en su totalidad le llevó alrededor de 3 años en concluirla (1835-1837). No obstante, pareciera que Carlyle tuviera una muy mala suerte. El primer tomo, La Bastilla, se perdió para siempre en las llamas. Al termino de su primer tomo, Carlyle le presentó el manuscrito a Mill, ya que aguardaba angustiosamente conocer su juicio. Desafortunadamente, uno de los sirvientes de Mill arrojó al fuego el manuscrito, pensando que era basura. Creo que Carlyle lo tomó como cualquier otro escritor lo hubiera hecho. Durante algunos días cayó en una especie de depresión, sin embargo esta crisis pasaría. Después de una larga temporada se decidió por tratar de reconstruir su primer tomo. Algunos se aventuran a decir que la nueva versión no distaría mucho de la versión original.

Es un libro tremebundo y salvaje, como una Revolución francesa en si mismo; un libro que, es posible, si la Providencia así lo hubiera mandado, el mundo habría hecho mejor rechazándolo cuando se le ofreció. !Lo hubiera deseado con todo mi ser¡ Lo que puedo decir a ciencia cierta es que ha salido directamente de mi alma, que ha nacido de la oscuridad, el vértigo y la pena; que ningún hombre, desde hace mucho, ha estado hablando en tal completa soledad bajo el eterno cielo azul, en su simple condición de hombre; ni es probable que nadie lo vaya a estar en mucho tiempo. Y, por último, que he estado tan cerca de dejarme la vida en el empeño que me veo capaz de asumir cualquier tarea que quisiera emprender en los años venideros; lo que supone un inmenso consuelo; el mayor de todos, diría.- Thomas Carlyle. (17/01/1837; Correspondencia: Carlyle- Sterling)

Su relato sobre la revolución francesa tiene un estilo bastante romántico. En su obra, las figuras individuales, como Napoleón, Robespierre, Mirabeau, Danton, entre otros; son personajes geniales que se enfrentan a las fuerzas sociales y guían o desencadenan el proceso revolucionario. Esta singular teoría sobre el culto de las héroes, se desarrollaría con cabalidad, posteriormente, con su obra “Los héroes, el culto de los héroes y lo heroico en la historia”, 1840. Pero ya se podía entrever desde sus más tempranos escritos, tal y como queda en evidencia con sus artículos sobre Montesquieu. Montaigne, Pitt y otras más personalidades que le eran importantes, que escribió para la Edimburgh Cyclopedia. La idea que subyace debajo de su relato es la de que el individuo es el creador del mundo. En sus palabras, la historia del mundo podría explicarse con la biografía de grandes personalidades.

Que quede claro, se trata de un libro de historia. La historia de la Revolución Francesa, pero narrado de una forma totalmente diferente. La narración de Carlyle es, evidentemente, romántica.

“Así muere un gigantesco pagano y titán, tambaleándose ciegamente, sin desmayo, hacia su reposo.” Carlyle, sobre la muerte de Mirabeau.

Muchos de los hechos nos son narrados de forma subjetiva y bastante apasionada. Creo que Carlyle consigue, exitosamente, transmitirnos los sentimientos y emociones que algunos de los presentes pudieran haber experimentado durante dichos sucesos. No solo eso, las descripciones que hace son , ciertamente, asombrosas y vívidas

Leer sobre la Revolución Francesa, de la mano de Carlyle, es , sin duda alguna, una experiencia inolvidable. Durante toda la narración, Carlyle hace uso del tiempo presente, con la finalidad de hacernos sentir parte de este movimiento. Aunque en este caso es una antología, la intención del autor era contar los hechos de forma cronológica, característica que no se pierde del todo en esta edición. Este modo particular de narrar los hechos se debe a que Carlyle quería transmitir la idea de que la Revolución Francesa seguía viva. Viva en el sentido que sigue ejerciendo una influencia significativa en el mundo.

Sin embargo, su punto de vista es , de cierto modo, limitado y dogmático.  Sobretodo, porque la posición de Carlyle en referencia a este hecho histórico es muy clara:

Por nuestra parte, respondemos que la Revolución francesa significa aquí la rebelión violenta y abierta, y la victoria de la anarquía desencadenada sobre la autoridad agotada y corrupta: como la anarquía destruye la prisión, se eleva desde las infinitas profundidades y se propaga incontrolables, inconmensurable, envolviendo a un mundo; en fase tras fase de febril frenesí  se consume también , y los elementos del nuevo orden que contenía, al desarrollarse, consiguen, sino encadenar, sí al menos enjaezar lo incontrolable, y que sus fuerzas desquiciadas se pongan a trabajar por su objetivo con tanta cordura como las fuerzas reguladas.

Como cualquier otro libro de historia, este aporta grandes e interesantes datos y conocimientos acerca de esta etapa. Los siguientes son solo algunos de los más llamativos:

Robespierre

Maximilien Robespierre, fue un abogado y político, así como representante del tercer Estado durante la Revolución francesa. A pesar de su edad, Robespierre ascendió vertiginosamente en los círculos jacobinos y revolucionarios. “El incorruptible verdemar” fue la mote que se ganó debido a sus excelsas cualidades como orador y a la firmeza de sus convicciones.

En el relato de Carlyle, el personaje de Robespierre adquiere una gran importancia como un papel antagónico. Las referencias Robespierre, en el texto, están cargadas de antipatía; “el incorruptible verdemar” se vuelve, algo así como, el villano de la historia. Carlyle nos presenta parte de su historia desde sus primeras apariciones en la esfera política hasta su ejecución en 1794.

Carlyle relata una anécdota ejemplificando la fuertes convicciones del joven Robespierre:  Se dice que de joven, en Arras, fue designado como juez por el arzobispo de la diócesis, debido a su mentalidad estricta y concienzuda. El papel lo desempeñó como era de esperarse, “haciendo lealmente justicia al pueblo”, pero un día se le presenta un acusado cuyo delito merecía la horca. Robespierre decide renunciar, ya que su conciencia no le permitía condenar a muerte a ningún hijo de Adán.  Este es un hecho particularmente llamativo. Porque Robespierre es la piedra angular en la llamada época del “Terror”, durante el periodo más cruento de la Revolución francesa.

La revolución es como Cronos, siempre termina por devorar a sus hijos.- Danton.

La muerte de Robespierre marca el fin del “Terror” en Francia. Durante estos últimos días la convención estaba cada vez más temerosa de ser pasada por la guillotina, y con ello se consolidará el poder de los jacobinos y de Robespierre. Como un gran acto de valentía, el 26 de julio de 1794 la convención se amotina en contra de Robespierre. Al día siguiente es acusado y condenado a muerte, junto con otros jacobinos. Ante su inminente ejecución, Robespierre decide suicidarse de un disparo, no obstante, falla en el intento. Horas después, el gran guillotinador, correría la misma suerte que los miles de hombres y mujeres que sentenció.

Los Girondinos.

Y así cayeron los girondinos, por una insurrección, y se extinguieron en París, no sin que exhalen un suspiro de pena la mayoría de los historiadores. pues eran hombres de talento, de cultura filosófica, de comportamiento decente, no condenables porque fueran pedantes y no tuvieran más talento; no, ésa fue su desgracia. Querían una República de las Virtudes, de la que ellos mismos serían la cabeza; y sólo pudieron conseguir una República de la Fuerza, que encabezarían otros.

La caída de los girondinos también nos es narrada por Carlyle. El 2 de junio de 1793, “la montaña”, vota de forma unánime para arrestar a los miembros de la asamblea que han sido denunciados. Así mismo,  cuenta la detención de de Madame Roland y otros importantes líderes girondinos,por parte de el Comité Central de Insurrección, y su encarcelamiento en la abadía.

La economía revolucionaria.

“El comercio y las finanzas del sansculotismo, y cómo vivió su vida galvánica y empezó y acabó, con su Ley del Máximo y colas en las panaderías, con codicia, hambre, denuncias y papel moneda, sigue siendo el más interesante de todo los capítulos de la economía política, y todavía está por escribir.”

Así se expresaba Carlyle, en lo concerniente a las prácticas económicas de los revolucionarios. Este aspecto es de gran preponderancia, aunque poco tratado en el texto, debido a que estas fueron las mismas medidas, que en parte, desencadenaron el proceso revolucionario.

Impuestos asfixiantes, una base fiscal estrecha, gasto gubernamental creciente, endeudamiento y políticas monetarias expansivas, son solo algunas de las características de la política económica de Luis XVI. Ante la creciente oposición de los grupos privilegiados, todos los intentos por dar solución y sanear las finanzas públicas fracasaron. De hecho, fue lo que ocasionó la convocatoria de los Estados Generales.

Sin embargo, el gobierno revolucionario no cambio mucho en la práctica económica. Al poco tiempo de tomar el poder, y bajo la dirección de Mirabeau, comenzaron a emitir papel moneda para financiar el gasto gubernamental y estimular la economía nacional. Los resultados no se hicieron esperar y la inflación se hizo presente. Como los revolucionarios continuaron con la práctica de emitir más y más papel moneda, ésta se llegó a perder su valor hasta en un 99%.

Ante la creciente alza de precios, la “Ley del máximo”, entró en vigor. Dicha ley pretendía regular y establecer un precio máximo para los cereales. Este procedimiento se replico también en otros bienes y servicios. Y como era de esperarse, el control de precios, generó escasez en los productos de primera necesidad, hambre y largas colas en panaderías y tiendas.  Como Carlyle menciona, es uno de los capítulos más interesantes en la historia económica de Francia y el mundo.

ACERCA DEL LIBRO:

 

9788434413368

Título: Fuego y Cenizas. La Revolución Francesas según Thomas Carlyle.

Autor: Thomas Carlyle.

Prólogo y antología: Ruth Scurr.

Editorial: Ariel.

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