Un reportero en la Montaña Mágica- Andy Robinson.

Un reportero en la montaña mágica: como la élite económica de Davos hundió el mundo, es un texto periodístico que pretende documentar las acciones y políticas económicas, orquestadas por el “Davos man”, que causaron la crisis económica más reciente.

En su libro, Robinson hace un guiño de la novela de Thomas Mann, de ahí  la similitud con el título. Toda su narración gira en torno al tiempo que pasó cubriendo los distintos foros económicos mundiales (WEF) , realizados en Davos, Suiza. Sin embargo, como el mismo autor admite, no poseía la acreditación necesaria para estar presente en los eventos más importantes del foro. Por lo tanto, todo se basa en sus infiltraciones ilegales, eavesdropping,  escasas entrevistas que le concedieron y algunos datos estadísticos de interpretación engañosa.

La idea que subyace en el discurso que Robinson plantea es muy vieja, la de los enemigos del libre mercado. Muy al estilo de Naomi Klein, en La Docrtina del Shock, es decir, con datos amañados, tergiversación de hechos y una nula comprensión de la economía, Robinson teje una ingenua crítica hacia el “neoliberalismo” y sus partidarios.

“A largo plazo todos estamos muertos”.- J.M. Keynes

Desde muy al inicio del libro su tesis queda clara. Robinson, es un ferviente seguidor del keynesianismo. Por lo tanto, toda su argumentación va encaminada a demostrar que los mercados no son eficientes ni autorregulables. Disfrazado de progresismo y justicia social, Robinson pretende que se retroceda y se implanten las políticas económicas del “New Deal”, caracterizadas por una fuerte intervención del Estado en la economía: política fiscal y monetaria  expansiva y un creciente gasto público redistributivo.

El discurso resulta genuinamente atractivo y políticamente correcto, para estos tiempos de “social justice warriors“. Robinson saca a relucir los más populares y conocidos argumentos de los defensores de la socialdemocracia: la creciente desigualdad económica, la pobreza en economías subdesarrolladas, la avaricia de los banqueros de Wall Street, entre otras. Como  ya es costumbre, en pseudoperiodistas y populistas, enarbolando las banderas de la democracia, igualdad y justicia, se echa la culpa de todo al “capitalismo salvaje”, a la doctrina de laissez faire. Aunque claro, para ello se tenga que negar  o ignorar la evidencia y transmitir parcialmente la verdad.

El libro no cumple con lo que promete. Incluso para los defensores del keynesianismo, las razones que Robinson proporciona en su libro son insuficientes. La idea de que “el mundo se hundió” debido  a los cuantiosos salarios de los directivos de las grandes corporaciones y a los paraísos fiscales, es risible.

Personalmente no recomendaría en absoluto su lectura. No obstante, aunque el texto pueda estar plagado de falacias, inexactitudes y mentiras, no deja de resultar un ejercicio interesante. Es por ello que en las siguientes líneas iré resaltando y refutando algunos de los argumentos principales o más esenciales en su argumentación.

La desigualdad económica y la economía del 99-1%.

“La economía al servicio del 1%…”. Oxfam revela cada año su informe sobre la riqueza y desigualdad en el mundo. Su estudio sostiene que el 1% de la población posee más riqueza que el 99% restante. Dicha aseveración nos traslada a esa vieja idea económica de que la riqueza es fija, un pastel que hay que repartir, un juego de suma cero. Nada más distante de la realidad.

*(Cabe resaltar que en numerosas ocasiones, diversos periodistas y economistas, han señalado los errores en metodología del estudio. Aquí les dejo algunos: Diez ‘errores’ que Oxfam repite en su informe sobre pobrezaLa gran mentira de Oxfam: un somalí es más rico que un estadounidenseCinco grandes mentiras de Oxfam sobre la pobreza y la desigualdad en Europa,Oxfam: mentiras sobre austeridad y pobreza, Why the much-hyped Oxfam study on global inequality is misleadingOxfam’s global inequality statistics: don’t believe the anti-capitalist hype)

Resulta sorprendente que aún en estos tiempos sobreviva la falacia del “juego de suma cero” o del “pastel fijo”. Estas creencias son propias del mercantilismo; el beneficio no se consigue arrebatándoselo a otro. De ser así todos seríamos renuentes a llevar a cabo alguna transacción.

En una sociedad donde se pongan por delante las libertades económicas y políticas, la única manera de enriquecerse es creando valor y beneficio para toda la comunidad. A través de la satisfacción de necesidades ajenas (bienes y servicios de calidad y bajo precio) es como se enriquece la sociedad en su conjunto.

Ciertamente, la desigualdad económica es una realidad innegable. En el sentido más estricto, la desigualdad económica es producto de la diversidad y diferencia en conocimientos, inteligencia, capacidades, habilidades y talentos. En un mundo de naturales desigualdades y libertad es de esperar que surjan diferentes resultados. La única manera de lograr una sociedad igualitaria es a través de la supresión de la libertad.

A pesar de todo, dicho 99% de la población goza de muy altos estándares de vida. De hecho, muchas de las cosas que hoy damos por sentado solo han sido posibles gracias a la globalización y al libre mercado; sí, los mismos que producen tanta desigualdad económica.

Es necesario admitir que tienen razón en parte (Oxfam): “El poder y los privilegios se están utilizando para manipular el sistema económico…”, aquello se llama crony capitalism o clientelismo. Es decir, aquellos oligarcas que deben su fortuna no al libre mercado sino al empleo de métodos injustos, como la coerción. En este sentido, la desigualdad verdaderamente adquiere un sentido importante.

“Hay dos maneras de satisfacer las necesidades: trabajando o robando. El trabajo es la manera de la economía. El robo es la manera de la política”.-Franz Oppenheimer

La consigna del igualitarismo debería ir dirigida a saber, con ciencia cierta, los medios que tal 1%, usa para acumular su fortuna. Para el filosofo alemán Franz Oppenheimer, la riqueza solo se podía conseguir de dos formas. El primero, medios económicos, el cual consiste en el intercambio voluntario y pacífico del trabajo, nos enriquece a todos. El segundo, medios políticos, consisten en la apropiación indebida del trabajo ajeno. Es decir, mediante la coerción, robo o fraude, se arrebata la propiedad legítima de otro.

Los medios económicos son los propios del libre mercado, los medios políticos pertenecen al Estado. En la actualidad, es prácticamente imposible encontrar algún país o sociedad donde impere un sistema o doctrina económica de manera pura. La gran mayoría de los países utilizan sistemas de economía mixtos; lo que resulta en la formación de fortunas por ambos medios (políticos y económicos). En mayor o menor medida, los empresarios usan los medios políticos y económicos para enriquecerse. Se trata de una cuestión de medida, ya que el Estado interviene en muchas esferas de nuestras vidas. En otras palabras, la desigualdad económica, actual, es producto de la intervención estatal en la economía; solo en parte se debe a las fuerzas del libre mercado.

Un CEO gana 430 veces más que un trabajador promedio.

“…la remuneración del consejero delegado medio de las 500 empresas estadounidenses más grandes ya era 430 veces mayor que el salario del trabajador medio, tras alcanzar un máximo histórico en el 2010.” Dicho dato proviene de un reporte que la AFL-CIO revela cada año sobre los salarios de los CEO´s de las 500 empresas estadounidenses más grandes ( S&P 500).

No obstante, al igual que con el reporte de Oxfam, el economista Mark Perry ha encontrado numerosos errores en el reporte de la AFL-CIO; dejando en claro los dudosos métodos matemáticos usados para el estudio.

Perry, también señala la futilidad del estudio, ya que la confiscación y redistribución de los salarios de los CEO´s, solo representaría un aumento de $ 63 dolares al año en los salarios de los trabajadores. ¿Resolvería eso algún problema? Es claro que no.

*(Pueden consultar sus artículos al respecto en los siguientes links: On the new 335-to-1 CEO-to-worker pay ratio for 2015, and the apples-to-oranges methodology used to generate itNew BLS data show that for all ‘chief executives,’ the ‘average CEO-to-average worker pay ratio’ is less than 5-to-1What if the compensation for all S&P 500 CEOs were confiscated and redistributed to rank-and-file workers?)

Las personas prefieren una sociedad más igualitaria.

Resulta bastante curioso como Robinson utiliza titulares o medios sensacionalistas en un intento por reforzar su postura. Al igual que el reporte anterior, Robinson vuelve a usar otro reporte engañoso: una encuesta que Michael Norton y Dan Ariely realizan a 5,000 norteamericanos acerca de la desigualdad económica (la cual pueden encontrar aquí: Perspectives on psychological science o un resumen de sus resultados en Los Angeles Times, aquí: Spreading the wealth ). El estudio arroja, según Ariely, que las personas favorecen a las políticas redistributivas, que quitan al rico para dar al pobre.

Andrew Syrios, en un reciente artículo: A Closer Look at Income Inequality, señala los problemas con el análisis. Los participantes no conocían lo que las distribuciones representaban (las que tenían que elegir);  se usó una distribución de renta y no de riqueza, el uso de dicha de distribución es ya bastante cuestionable, debido a que otorga un mejor panorama a una alternativa; además, se compararon peras con manzanas, el estudio hace una comparación de la distribución de la renta en Suecia contra la distribución de la riqueza en EEUU; la ausencia de información en cuanto a edad, subsidios y ayudas gubernamentales, conducen a una interpretación errónea.

De igual manera, Max Border, en Wealth Inequality: Predictably Irrational, escribe acerca de dicho estudio. Border concluye  que los resultados son mal interpretados, debido a que Norton y Ariely parten de las premisas dudosas de una agenda política “progresista” e intervencionista; y que de ningún modo justifican la redistribución forzada, ni mucho menos prueban que sea beneficiosa.

El estudio que Dan Ariely realiza en conjunto con Norton, es bastante decepcionante. Ariely posee muchos mejores trabajos sobre economía conductual. Por desgracia, en este trabajo, tanto su metodología como sus conclusiones son altamente cuestionables.

Les dejo el video viral que circula en las redes acerca de la encuesta:

El consumidor irracional.

Robinson, un apasionado keynesisanista, cita en diversas ocasiones las opiniones y trabajos de Dan Ariely, a lo largo de su libro. Nada nuevo bajo el sol, la economía conductual se ha convertido en  uno de los últimos bastiones del intervencionismo económico.

Predictably Irrational (2008), un best seller de Dan Ariely, sostiene que, y opuesta a la  teoría económica clásica, no somos seres racionales. Vaya, resulta que siempre no somos un  homo economicus: ese monstruo racional, egoísta y maximizador de beneficios. Por lo tanto no podemos confiar en que las fuerzas del mercado se autorregulen, necesitamos del Estado para hacerlo. Para la economía conductual somos seres simplones que necesitan de una “fuerza superior” que los guíe. No obstante, Ariely al igual que sus coetáneos, olvidan que el aparato estatal también se compone de individuos irracionales, siguiendo su misma lógica.

Robinson utiliza el estudio de Ariely, nuevamente, para lanzar invectivas en contra del homo economicus. Se trata de la falacia del “hombre de paja“, el cual Robinson construye a lo largo del texto. Los lujos, excesos, exorbitantes salarios, la elusión fiscal, la filantropía, la persecución de la máxima del shareholder value, son todos, fines claramente económicos. Resulta paradójico, porque toda su lógica argumentativa critica al homo economicus, pero ahora resulta que los individuos siempre han sido irracionales.

Ariely, no es la primera persona en poner en duda dicho modelo económico. Numerosos defensores de la doctrina del laissez faire han mostrado su rechazo al modelo del homo economicus. De hecho el mercado no precisa de este hombre, ya que no es un reflejo útil del comportamiento humano. El modelo, únicamente, refleja el actuar de determinado tipo de individuos, y dice muy poco o nada acerca de otros.

Por ejemplo, Israel Kirzner, en The Economic Point of View, hace énfasis en que el homo economicus es el más extremo punto de vista materialista de los asuntos económicos. Y que no todas las acciones están sujetas a la ley económica; habiendo incluso teorías alternativas. Keynes, también argumentaba en su contra, afirmando que la racionalidad y el conocimiento absoluto, son suposiciones pobres. Herbert Simon proponía una teoría de racionalidad limitada, en la cual las personas, en la toma de decisiones, están limitados en tiempo, información y capacidad cognitiva. F. Hayek, en Political Economy: The Socio-Economics of Order, rechaza el homo economicus, no solo por no cumplir con las más altas expectativas morales del individuo, sino que no explica como los agentes recrean, reproducen y transforman las estructuras sociales.

Sin embargo eso no quiere decir que el modelo no sirva para objeto de estudio, Gary Becker, lo usó exitosamente para explicar los fenómenos del crimen en Crime and Punishment: An economic approach.

En Predictably Irrational, resulta que su homo irrationalis, es perfectamente predecible, o al menos es lo que supone en su investigación. El que sea un modelo predecible, sirve como fundamento para la planificación central, porque eso significaría que se puede saber con antelación como actuarán los individuos.

Los deseos de los individuos son extremadamente diversos como para poder generalizarlos a todos dentro de un solo modelo. La izquierda, al igual que Robinson, está muy acostumbrada a usar al homo economicus, como objeto de sus criticas. Tristemente, para la izquierda, su discurso es inservible, ya que de ningún modo mina la doctrina económica del laissez faire.

Los paraísos fiscales.

“Zug: un lugar excelente donde no se pagan impuestos.” Robinson dedica un capítulo entero para hablar del fenómeno de los refugios fiscales, en especial haciendo alusión a Zug, Suiza. ¿Pero, qué hay con Zug? dejemos que sea el propio, Robinson quién nos lo diga: es “…una pequeña localidad de 19.000 habitantes situadas en la orilla del lago Zugsee (Suiza) aloja, en apenas dos o tres calles, nada menos que 29.000 empresas.”

Zug, ha resultado una ciudad, particularmente, atractiva porque es un refugio fiscal; con un impuesto de sociedades, no mayor, de un 15%, aunque las tasas efectivas rondan alrededor de un 8% al 10%. Muchas grandes corporaciones han trasladado sus sedes a esta localidad con la intención de reducir sus cargas fiscales. Empero, el ser una jurisdicción con tasas impositivas bajas no es el único incentivo. Suiza,  es la cuarta economía más libre en el mundo, acorde al ranking de Economic Freedom of the World; también es el noveno país en renta per capita, según el Banco Mundial; tienen el tercer ingreso mediano más alto del hogar en el mundo; es el cuarto gasto gubernamental más bajo en el mundo. Las corporaciones tienen grandes incentivos para ver a Suiza y a Zug como una base estable para sus organizaciones. Convenientemente, Robinson omite estos datos, y pinta una panorama, algo, desolador.

Bajar impuestos no es lo único que lo convierte en un “paraíso fiscal”. La seguridad jurídica, la libertad económica y la protección a la privacidad de los ahorradores, juegan un papel preponderante.

Los mal llamados paraísos fiscales, también cumplen otras funciones vitales en la economía. Históricamente han servido como refugios para muchos individuos y organizaciones que han sido perseguidas y que buscan un refugio seguro para su propiedad, de Estados belicosos, inestables, extractivos y tiránicos. Por ejemplo, los judíos perseguidos durante la segunda guerra mundial, que escondieron su patrimonio en Suiza. Durante el mismo conflicto, cientos de empresas holandesas trasladaron sus sedes a las Antillas Neerlandesas (hoy, Curazao), para resguardar sus activos y seguir operando, durante la ocupación nazi de Países Bajos. Los judíos en medio oriente, actualmente, también tienen grandes motivaciones para resguardar sus propiedades en otras naciones, entre muchos otros casos.

La competencia fiscal adquiere un rol de gran importancia, ya que  la diferencia en las tasas y tarifas entre jurisdicciones, ocasiona que los países eviten subir los impuestos, ya que de hacerlo miles de personas optarían por trasladar sus capitales a otros países.

Cabe resaltar que las  empresas que establecen sus sedes en estos sitios operan dentro de la legalidad. En su “análisis”, Robinson pasa por alto la sutil, pero importante diferencia entre evasión y elusión fiscal.

En otras palabras, los paraísos fiscales son ricos, prósperos, democráticos, estables y pacíficos. Sin duda, su situación es francamente envidiable, es por ello que muchos países deberían seguir su ejemplo; y no, como sugiere Robinson, obsesionarnos con acabar con ellos.

Shareholder Value

En palabras de Robinson: “La tesis del sharehoder value defiende que, para un consejero delegado, el objetivo principal debe ser optimizar la capitalización bursátil de su empresa” Robinson la llama, en múltiples ocasiones, una seudociencia, incluso la llega a comparar con la astrología.

Una vez más, se equivoca terriblemente. Lo único que hace es dejar en evidencia su gran ignorancia. La teoría del shareholder value, nada tiene que ver con, prácticas especulativas, maximizar el precio de las acciones en el mercado, a corto plazo. Sin embargo, quienes caen en el error, perpetúan este mito.

La teoría del shareholder value, se basa en crear valor; una vez creado, el precio de la acción, eventualmente, irá al alza. Es decir, una asignación eficiente de recursos que permita maximizar el flujo de caja a largo plazo. La verdadera creación de valor descansa en los beneficios futuros, y no en la manipulación a que han sido sometidas las cotizaciones de las acciones, muchas veces mediante complejos métodos de ingeniería financiera y falsificación contable.

El éxito de las organizaciones depende sus relaciones a largo plazo con sus stakeholders. es por ello, que una visión a largo plazo beneficia a los accionistas, empleados, consumidores y proveedores.

“…there is one and only one social responsibility of business–to use its resources and engage in activities designed to increase its profits so long as it stays within the rules of the game, which is to say, engages in open and free competition without deception or fraud”.- Milton Friedman. The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits 

Alfred Rappaport, en su artículo Ten Ways to Create Shareholder Value, concluye que la teoría ha sido exitosa, el problema ha sido  la dirección, la alta gerencia, que ha traicionado este principio; y que tampoco opera como justificación para los cuantiosos salarios de los CEO’s. David Levy & Mark Mitschow, señalan en su ensayo “I paid for this micropohne!” The importance of shareholder theory in (teaching) business ehics, las deficiencias de otras teorías de gobierno corporativo, en especial la Stakeholders theory. Ambos concluyen que, “la búsqueda de beneficio es moralmente permisible solo si tenemos razones previas para cree que tal búsqueda no pone en peligro  las legítimas demandas de los stakeholders. 

Robinson, no hace más que atacar y dar golpes a enemigos que solo existen en su confundida cabeza.

Neoliberalismo.

Por último, Robinson llama peyorativamente “neoliberales” a Friedman, Hayek, Becker y Popper; los confunde y los mete a todos en el mismo barco. Con el “neoliberalismo” sucede lo mismo que con el liberalismo. En torno a ambos términos ha habido un abuso indiscriminado, llegando a puntos da cambiar por completo el significado de la palabra “liberalismo”.

Véase el ejemplo en países anglosajones, donde “liberalism” pasó a ser una doctrina de izquierda, y ya no representa los valores de libertad política, económica y de gobierno limitado. No obstante, en los países hispano-parlantes el término conserva su significado original.

En realidad, para sus críticos, el “neoliberalismo” viene a significar, exactamente lo mismo que el liberalismo. Sí se han dado cuenta, la mayoría de los libros, artículos, noticias y ensayos que hablan sobre el “neoliberalismo”, lo hacen en forma despectiva y destructiva. De hecho, son muy escasos los individuos y organizaciones que se identifican como “neoliberales”(véase el caso de Adam Smith Institute).

El “neoliberalismo” solo es un nuevo discurso de los enemigos de libre mercado, de los antiliberales. Esto se concluye en el estudio realizado por  Taylor Boas y Jordan Gans-Morse “Neoliberalism: From new liberal philosophy to anti-liberal slogan”.

Para la nueva y vieja izquierda, cualquiera que hable a favor de los libres mercados es, en automático, un “neoliberal”. Dichas aseveraciones ilustran su incapacidad para distinguir entre las distintas escuelas y corrientes que existen dentro de los defensores del libre mercado. Aquello queda en evidencia, como mencione anteriormente, al confundir a los integrantes de la sociedad Mont Pelerin. Hayek y los autriacos no son “neoliberales”, como Bagus demuestra en  Why Mirowski Is Wrong About Neoliberalism and the Austrian School. Incluso, dentro de la escuela austriaca, Mises se enfrento ampliamente contra los “neoliberales”, como Jörg Guido Hülsmann reseña en The Last Knight of Liberalism, donde además se da cuenta de las rupturas, diferencias y clanes que había y hay dentro de dicha organización.

Los puntos anteriormente expuestos son solo algunos, los más destacables para mí. Exponer todos extendería mucho más el post.

He aquí el resultado:

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ACERCA DEL AUTOR:

andy-robinson_ediima20130920_0281_13Andy Robinson es un reportero inglés. Desde finales de los años 80´s, cambió su residencia a Cataluña. Escribe frecuentemente para el diario barcelonés La Vanguardia, también colabora para el The Guardian y  The Nation. Un reportero en la montaña mágica, es su primer libro escrito en español. Recientemente (2016), ha escrito su segundo libro: Off the Road. Miedo, asco y esperanza en América.

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