¿Por qué no comprar lo hecho en México?

El “compra local” o mejor conocido por estos lares como “compra lo hecho en México” o “compra a pequeños productores”, es una falacia económica que lleva circulando en la opinión pública desde hace muchos años. No obstante, en los últimos días, estas ideas han vuelto a resurgir debido a la victoria de Donald Trump.

El “compra local” ha surgido como respuesta a las populistas propuestas hechas por Donald Trump, durante su campaña presidencial. En efecto, Trump propugnaba un cambio económico retrógrada. En el sentido de crear excesivas cargas tributarias y legales a las empresas americanas, con la finalidad de que regresaran a producir dentro del territorio estadounidense y así crear empleos.

Estas medidas económicas del “Make America Great Again”, son de carácter populista y nacionalista. Y tanto el populismo como el nacionalismo exacerbado e irracional, fomentan sentimientos de racismo y xenofobia. Y resulta curioso, porque ¿Acaso no estamos proponiendo lo mismo al incitar a consumir únicamente los productos hechos en México? Resulta que la solución a Trump, es un “Make México Great Again”. Basta con leer algunas de las opiniones y comentarios ampliamente difundidos en la red, para descubrir las semejanzas entre ambos discursos. ¿Irónico, no creen?

(Aquí aprovecho a poner a su disposición algunos de los artículos que tan populares se han vuelto. Consumir lo hecho en México fortalecería nuestra economía o ¿Por qué comprar lo hecho en México?. En facebook también estuvo circulando, recientemente, un artículo que promovía lo mismo.)

El nacionalismo, en nuestros días, ya no se caracteriza por la creencia en la superioridad racial, étnica o lingüística. El nuevo nacionalismo resulta ser de índole económico, caracterizándose por un irrestricto apoyo del Estado, a los productores nacionales. Es decir, se les otorgan ventajas y privilegios económicos que los pongan en un nivel superior respecto a los competidores del extranjero.

El titulo del post podría dar lugar a reacciones instintivas e irracionales por parte de algunos lectores, corriendo el riesgo de ser llamado “malinchista”, “neoliberal” y muchos otros adjetivos que hoy son usados de manera negativa. Sin embargo, estableceré inicialmente y en corto mi posición, la cual iré desarrollando más adelante. Hay un error en el enfoque. No se trata de comprar lo hecho en México o comprar lo local. Se trata de comprar lo mejor, y si resulta que lo mejor es lo mexicano, maravilloso.

El hombre tiene la imperiosa necesidad de darle un nombre a todo lo que conoce. Por lo tanto, definamos estas prácticas económicas. En el sentido más estricto y estrecho, se llama autarquía. La autarquía es un sistema económico que pretende que una nación sea totalmente autosuficiente, resultando innecesario o ínfimo el intercambio comercial con otros países.

La autarquía es un sistema que ha sido probado, y ha arrojado terribles resultados para la sociedad en su conjunto. En efecto, es un síntoma de que el oscurantismo gana terreno en el campo de la economía. Los ejemplos de países autarquistas son pocos. pero claros. Actualmente Corea del Norte; la España de Franco, la Alemania Nazi y la China de Mao Tse Tung. En menor medida, están los casos de América latina. ¿Encuentran las similitudes? No es casualidad la estrecha relación del proteccionismo y los regímenes autoritarios o totalitaristas.

México, no ha estado exento de ello. El mercantilismo es un sistema económico que,en materia de comercio internacional, tiende a la autarquía. De hecho, fue el sistema que predominó durante los 70 años de dominio del PRI, casi un siglo de nacionalismo revolucionario, el cual padecimos todos los mexicanos.

Aquellas personas leídas y escribidas, mayores de 40 años, recordarán vívidamente el caso de nuestro “excelentísimo” ex-presidente José López Portillo. Sí, el mismo que afirmó : “defenderé el peso como un perro”, en 1981. Creo que todos conocemos el desenlace de aquella triste historia.  Sería mentiroso y corto de seso, de mi parte, afirmar que tal crisis se debió únicamente a la autarquía, porque solo lo fue en parte.

De manera muy puntual, en México, conocemos este modelo económico, en nuestra historia, como  “sustitución de importaciones”. Modelo económico que se implantó, formalmente, a partir de los años 50´s. Modelo que se revigorizó en la presidencia de López Portillo, y que formalmente terminó con las políticas liberalizadoras de Salinas de Gortari.

La “sustitución de importaciones”, tuvo sus aciertos, aunque muchos más errores. El saldo de dicha época fue que solo unos pocos mexicanos se beneficiaron. La mayoría de la población quedó marginada, en especial los campesinos. El famoso “milagro mexicano” se esfumó, debido a la cada vez más evidente y creciente pobreza, desempleo e inflación.

¿Por qué sucede esto? Bueno, cuando se encapsula económicamente a una sociedad en un territorio tan pequeño como el nacional, el interés particular queda sometido al interés nacional. Por lo tanto, si un individuo o empresa quiere satisfacer sus necesidades de bienes y servicios tendrá que hacerlo consumiendo productos nacionales. Tendrá que satisfacerlos con los productos nacionales, ya que puede ser ilegal la importación, o bien, la importación de ciertos productos o servicios esta sujeta a altos gravámenes que elevan el precio de manera artificial. Por lo cual, el alto precio generado por los aranceles hará que los consumidores prefieran los productos nacionales. Sin embargo, el productor, al saberse protegido por el Estado, elaborará productos de mala calidad, reduciendo sus costos al máximo. El productor puede hacerlo, ya que debido a la intervención del Estado, los productores extranjeros se verán imposibilitados de competir. Dando como resultado el detrimento de los productores y consumidores, que ante la ausencia de productos de calidad y baratos, tendrán que conformarse con mercancía obsoleta, caduca y estropeada.

En el mercantilismo, contrario a lo que sostienen sus partidarios, aspira a que miles de ciudadanos sean parasitados por un puñado de oligarcas, incapaces de adaptarse al cambiante mundo. En “la economía al servicio del príncipe” (mercantilismo), las políticas se encaminan para aumentar el patrimonio de los gobernantes y sus amigos. El mercantilismo no considera ni mucho menos cree en la creación de riqueza. Sus defensores lo ven como un “juego de suma cero”, es decir, no hay creación de riqueza, solo transferencia. En su obnubilada lógica, la única manera de conseguir algo es quitándoselo a otro, de ahí la enferma obsesión de exportar más e importar menos. En otras palabras, es la oligarquía política que se aprovecha del poder político para hacer su fortuna.

Entonces, ¿Por qué sigue la gente apoyando este tipo de medidas económicas? Primero, porque hay que admitir que la idea de “comprar local” o “comprar lo hecho en México”, suena  muy romántica y atractiva, explota nuestro sentido de pertenencia. Segundo, a través de la plataforma de adoctrinamiento estatal (la escuela pública), el PRI, promovió  abiertamente, durante poco más de 70 años, estas ideas. En efecto, han calado muy hondo en las mentes de los ciudadanos.

Hoy en día escuchamos que el problema es que somos “malinchistas” y que la solución es ser “patriotas” y comprar los hecho en México. Porque lo hecho en el país es de calidad y comprarlo es ayudar a la economía local, y que de esa manera se beneficia toda la comunidad. Afirmación nada más lejos de la realidad y perniciosa.

No obstante, las críticas no se detienen ahí. Empiezan promoviendo el consumo nacional, y pasan de promoverlo a únicamente apoyar a los consumidores pequeños. Por lo cual grandes corporaciones nacionales también son vistas como enemigos. En el caso muy particular de México, resalta la animadversión que se le tiene a: Liverpool, Bimbo, Oxxo, Inbursa y muchas otras más.

Las multinacionales, en efecto, destruyen o engullen a los pequeños negocios.  En un  sistema de pérdidas y ganancias, como en el que vivimos, hay ganadores y perdedores. La “destrucción creativa” tiene  lugar todos los días, dicho proceso fomenta el desarrollo económico y el enriquecimiento de la sociedad en su conjunto. Sin embargo, muchos pequeños negocios son forzados, debido a la libre competencia, a buscar maneras  más eficientes para competir, enfocándose en un nicho de mercado, que las multinacionales no pueden ocupar.

Ciertamente, muchos pequeños productores y empresas no pueden competir contra las grandes corporaciones, debido a la falta de economías de escala. Es decir, no pueden competir en coste ni mucho menos en tamaño de producción. Y quienes más se benefician de los precios bajos son los consumidores, de hecho, es una de las razones por las que mucha gente prefiere comprar en alguno de estos negocios.

Popularmente, se asocia a estas grandes corporaciones con fines totalmente siniestros y egoístas; entidades fantasmas sin cara. La realidad es que estas empresas son constituidas por personas comunes y corrientes, al igual que nosotros.

“… sacralizar a la gran empresa per se … En el mundo contemporáneo de neo mercantilismo… un gran tamaño es sospechoso a priopri, dado que… probablemente han llegado a serlo mediante una sofisticadísima red de subsidios, privilegios y concesiones directas e indirectas de protección monopolística.” (Rothbard, M. 1966).

Claro, hay algo importante y que no debemos olvidar, las grandes corporaciones tienen grandes recursos económicos y políticos, los cuales se usan para conseguir privilegios especiales, favores, patrocinios y muchas otras medidas proteccionistas. Medidas que injustamente les otorgan ventajas competitivas sobre otros productores.  La solución es eliminar esas regulaciones perniciosas, con la finalidad de que puedan competir abiertamente.

“La división internacional del trabajo es un sistema de producción mucho más eficiente que la autarquía económica de todas las naciones. La misma cantidad de trabajo y de factores materiales de producción produce más. Esta mayor producción beneficia a todos los interesados. El proteccionismo y la autarquía dan siempre por resultado el desplazamiento de la producción desde centros en que las condiciones son más favorables –por ejemplo, allí donde la producción con la misma cantidad de recursos es más elevada– a centros en los que esas condiciones son menos favorables. Los recursos más productivos permanecen inactivos mientras se utilizan los menos productivos. El resultado es una disminución general de la productividad del trabajo humano, y por lo tanto un descenso del nivel de vida de todo el mundo.” – Ludwig Von Mises.

La globalización y el libre comercio han traído progreso y prosperidad, han hecho más rico al rico, pero también han enriquecido a los pobres.  La conexión e integración de la sociedad, conducen a la división del trabajo. La división del trabajo genera precios bajos, produces bienes y servicios de calidad y eleva la calidad de vida de la sociedad.

No obstante, no podemos ignorar las consecuencias desastrosas de las políticas proteccionistas. Los pequeños productores no viven de la caridad ni de la lástima de los consumidores. Al igual que los grandes productores, pretende ofertar al mercado bienes y servicios de calidad. Lo cual me recuerda lo que alguna vez, Smith escribía en La Riqueza de las Naciones: “No es la benevolencia del carnicero, del cervecero o del panadero la que nos procura el alimento, sino la consideración de su propio interés. No invocamos sus sentimientos humanitarios sino su egoísmo; ni les hablamos de nuestras necesidades, sino de sus ventajas.”

El obligarse a “comprar lo hecho en México” simplemente por lo romántico que suena, contrae costos que pocos son capaces de ver y cuantificar. Cuando la compra se desplaza a productores locales, se deja fuera de la ecuación a las grandes y más eficientes empresas. Dando como resultado una disminución en la eficiencia económica, ya que los recursos se desplazan de productores eficientes a unos menos eficientes. Dicho esto, usualmente se traduce en una menor oferta de bienes y servicios, menor calidad y mayor precio en ellos.

Reducir el comercio a la localidad no produce riqueza. Como ya he mencionado anteriormente, se trata de una vieja falacia económica que los mercantilistas sostienen. Riqueza y dinero es lo mismo para ellos, sin embargo, el dinero es solo un bien que sirve para intercambiarse por otros bienes y servicios. El dinero no representa riqueza, aunque pueda ser un indicador para medirla, muchas veces poco fiel. La clave para conseguir la prosperidad de una nación es la especialización y la división del trabajo, no la acumulación de metales preciosos o dinero.

El “compra local” tiene un límite y es el geográfico. Basta con ponerse a pensar y hacer un poco de cuentas. Mucho se dice que “comprar local” hace que el dinero se quede en el país, con la inocente pretensión de crear un círculo o ciclo en el que todos consuman productos nacionales. Pero, la realidad es diferente. En México, gran parte de los bienes de capital son de importación, es decir para producir se tiene que comprar los medios de producción en el extranjero. Otro ejemplo es la importación de gasolina y otros combustibles refinados,  insumos clave en casi cualquier cualquier proceso productivo. Limitar el comercio a líneas imaginarias resulta absurdo, la realidad es que un proceso productivo normal, los insumos provienen de muchos lugares diferentes e incluso lejanos.

Limitar el comercio a una región, empobrece y crea desempleo. Ya que incita a que el Estado vecino haga lo mismo. ¿Les suena conocido? Cuando estas ideas se contagian, resulta  que limita el dinero, los bienes y servicios en circulación, lo que sistemáticamente empobrece a la población.

Una de las ventajas de la globalización y el libre mercado es que te permite “comprar local” o “comprar lo hecho en México”. Y es perfectamente defendible el apoyar a la economía local si así es la voluntad del consumidor. Muy diferente es establecer leyes que impidan la libre decisión de los productores y consumidores. El mercantilismo y sus medidas proteccionistas impiden la compra y el consumo de bienes y servicios extranjeros, y dañan a los consumidores con altos precios y de mala calidad.

Bajo el lema de “la patria es primero”, numerosas atrocidades han sido cometidas. Así que no es momento de ser nacionalista, de dejar de ser malinchista ni mucho menos ser patriota. Por el contrario, debemos rechazar el mercantilismo, el nacionalismo, el autarquismo, el proteccionismo y muchos otros -ismos, que lo único que hacen es perjudicarnos como nación. Es momento de trabajar y elegir inteligentemente.

Como lo establecí al inicio y aun sostengo, hay un enfoque erróneo.Se trata de comprar lo mejor, no de “comprar local” solo porque es hecho por nuestro connacionales.  Tampoco se trata del viejo y obsoleto modelo económico del homo economicus: aquel ser egoísta y maximizador de beneficios. El hombre no esta motivado únicamente por deseos económicos ni mucho menos por solo enriquecerse, hay hombres que en absoluto están influidos por estos deseos. El modelo, poco explica el comportamiento del consumidor, debido a la falta de homogeneidad en sus deseos e intereses. Dejemos que los consumidores y los mercados sean los que impongan que se produce y consume.

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