Que encuartelen a las fuerzas armadas

d14ad71121aa6d69e6444402510b25ea“Existe una razón para separar a los militares y a la policía. El primero lucha contra los enemigos del Estado, el segundo está para servir y proteger a la población. Cuando los militares asumen ambos roles, entonces la población tiende a convertirse en el enemigo del Estado.” William Adama.

(Disculpen si resulta una mala traducción. Si tienen una mejor propuesta, será bien recibida.)

La cita procede de las famosas series y películas de “Battlestar Galactica”. El uso de esta cita tal vez me sea criticado como ingenuo, por proceder de algo tan “burdo” como un programa de televisión. Sin embargo, la encuentro tan llena de verdad y sabiduría.

Para quienes conozcan o vivan en México, sabrán de la creciente violencia e inseguridad (producto de la delincuencia organizada, en especial del narcotráfico) que aquejan, principalmente, a la población; lo cual ha llevado, como consecuencia, a una creciente militarización del país.

Hoy, es más común ver a los militares patrullando las calles o armando retenes, en carreteras y avenidas principales, así como asumiendo el rol que la policía debería tener. Su presencia es muy común en los estados del norte del país, donde la la delincuencia y el narcotráfico se han extendido con total impunidad, así como en otros estados fallidos y con problemas sociales, como es Michoacan, Oaxaca y Veracruz, solo por mencionar algunos.

El avance de los militares en la esfera civil ha sucedido tanto por las peticiones formales del gobierno federal, como de los estatales y de diversas organizaciones de la población civil. Ante la oleada de crímenes, inseguridad y la inoperancia de los cuerpos policíacos, se recurre al brazo armado más represor y autoritario del que dispone el Estado, las fuerzas armadas.

En un reciente artículo para el diario, “El Financiero“, con fecha del 19/10/16, la otrora candidata presidencial, Josefina Vázquez Mota aboga por una pronta y mayor militarización del país, en su artículo titulado: “Que vengan las fuerzas armadas”. En dicho artículo, Vázquez Mota proporciona una variada gama de razones, entre las cuales se encuentran: el clima de inseguridad, la ingobernabilidad de algunas zonas del país, así como la intervención humanitaria en los desastres naturales.

La situación  y sus razones no son nuevas, el PAN (Partido Acción Nacional), ha defendido la militarización desde el sexenio de Vicente Fox (2000-2006), y en mayor medida en el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012). Desde aquel entonces, han pasado 16 años de usar a los militares para dichas labores, lo cual, de ningún modo ha contribuido a reducir la violencia. Aunque algunos de sus defensores puedan hacer un uso muy subjetivo y estrecho de las estadísticas para aparentar lo contrario. Por el contrario, los enfrentamientos entre grupos criminales y fuerzas armadas, se han hecho más frecuentes, llevando la famosa “guerra contra el narcotráfico”, a las ciudades, avenidas principales, residenciales, escuelas y centros comerciales.

Es claro, que el uso de los militares es una medida cortoplacista y correctiva. Sin embargo, han habido pocos, sino es que nulos, y pobres esfuerzos por capacitar y dotar de herramientas e inteligencia a los cuerpos policíacos, los cuales además de ser deficientes también suelen estar coludidos con los grupos criminales.

La opinión de Vázquez Mota, resulta de particular interés, por  el clima político que se vive en México, actualmente. Si bien, el actual presidente de México, Enrique Peña Nieto se encuentra en pleno y legal uso de sus facultades, al sacar al ejercito de sus cuarteles y asignarles labores de vigilancia, como en su momento determinó la SCJN, debido a las amenazas a la seguridad interior; el caso no deja de resultar alarmante. La popularidad y los índices de aprobación de nuestro gobierno son de los más bajos de la historia.

La frase con la que inicio este post, tiene una razón de ser. Se trata de la limitación del poder del Estado, en especial en lo referente al uso de las fuerzas armadas para hacer cumplir la ley. En México, el artículo 129 constitucional, prohíbe expresamente el uso de las fuerzas militares en tiempos de paz, aunque, como he mencionado anteriormente, la SCJN hizo un pronunciamiento derivado de un acción de inconstitucionalidad, que permite el uso de las fuerzas armadas. Decisión la cual es seriamente cuestionable.

Los escándalos de corrupción y abuso de poder han alcanzado hasta los más altos funcionarios del gobierno federal, estatal y municipal. Para ello, están los ejemplos de los ex-gobernadores y prófugos de la justicia, Guillermo Padrés, Tomás Yarrington y Javier Duarte; la casa blanca de la esposa del presidente de la república; los fraudes y desvíos de recursos de los ex-gobernadores Cesar Duarte, Roberto Borge y de Ruben Moreira; personajes que estuvieron, muy seguramente, coludidos con funcionarios federales.

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La Casa Blanca de Angélica Rivera, esposa del presidente de la república.

Las corporaciones policíacas y de seguridad, no están exentas de corrupción y abuso de poder. Las denuncias en redes sociales y  través de los medios de comunicación tradicionales, han aumentado. Los cuerpos de seguridad, han violado sistemáticamente diversos derechos y libertades de la población. Han detenido, revisado (cateado), privados de la libertad y torturado, a cientos de individuos, todo ello de manera ilegal, y muy frecuentemente impune. A lo anterior hay que sumarle la colusión con los grupos del crimen organizado. Un caso muy reciente y sonado, es la matanza de los 43 normalistas  de la escuela normal rural de Ayotzinapa, hecho el cual sigue sin resolverse.

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Las fuerzas armadas, tal vez, en menor medida, tienen entre sus filas miembros acusados de corrupción y abuso de poder. Para no  hacerla más larga, en casos relativamente recientes, Tlatlaya y Atenco, hablan por sí solos. Sin duda, los militares, también han aplastados las libertades y derechos de comunidades enteras. No hay que olvidar que, éstos obedecen siempre a las decisiones del poder ejecutivo, es decir, el presidente de la república.

Ante ello surgen diversas cuestiones  ¿Dados los escándalos de corrupción y abuso de poder de funcionarios federales, es conveniente que ahora puedan manejar a las fuerzas armadas? ¿Podemos confiar plenamente en las fuerzas armadas?

Tristemente, no. El despliegue de las fuerzas armadas, representa una mayor concentración de poder en pocas manos, en las del poder ejecutivo.¿Qué hemos aprendido de la fórmula de darle más poder al poder? Mayor corrupción. Como define Hans Hermann Hoppe, en su ensayo titulado “Lo que debe hacerse”, la tendencia del Estado, en su uso del monopolio de la fuerza pública, es la extensificación e intensificación. Paradójicamente, quien, en un principio,  debía proteger a los individuos y su propiedad, se convierte en una mafia que explota sistemáticamente a sus “protegidos”. Limitar el poder del Estado, se vuelve fundamental para garantizar una sociedad más libre y justa.

México, afortunadamente, en los últimos 100 años ha estado exento de vivir una dictadura militar. Aunque algunos intelectuales como, Krauze la definan como una “monarquía sexenal”; o Vargas Llosa, con su “dictadura perfecta”. México, tiene una tradición democrática, aunque no perfecta o ideal. Contrario a otros países latinoamericanos, que han vivido las crueldades y penurias de las dictaduras militares: Argentina, Venezuela, Panamá, Brasil y Chile entre otras.

El uso de los militares en la vida política de nuestro país no es nada nuevo. Durante los 70 años del régimen priista, éste se caracterizo por usar a las fuerzas armadas y la policía secreta (DFS), como su brazo armado represor; para perseguir, detener, encarcelar, torturar y desaparecer a cualquier opositor o detractor del régimen. Entonces, es natural que muchos veamos con cierto recelo el amplio despliegue de los militares.

cropped-cropped-mariano_otero1La cita siguiente es obra de Mariano Otero, y procede de su ensayo: “El acuerdo en lo fundamental, base de la unidad nacional”, 1842. (Me disculparán el que la cita sea muy larga, pero es fundamental. De hecho, les recomendaría lo leyeran completo. Al final pongo a su disposición el ensayo). La obra, procede de un periodo muy convulso en la vida independiente de nuestro país.

“El soldado debe ser valiente y decidido para los peligros, el gendarme no debe ver en ellos ninguna gloria: la conciencia de su fuerza la tiene el primero en su arma, pues está destinado a batirse y no aguarda su victoria más que de la fuerza física; el gendarme, por el contrario, debe confiar en la fuerza pací­fica de la ley y a ella sola pertenece su victoria; el soldado no emplea su acción más que con el enemigo, y para él obrar es pelear, y pelear destruir; el gendarme inspecciona y no hostiliza, debe ver un ciudadano y no un enemigo, una acción que evitar y no un hombre que herir; el soldado cuando obra es parte de un cuerpo que le defiende y obra contra otro cuerpo que le ataca, el gendarme es parte de la sociedad en que obra, ejerce su acción sobre el pueblo a que pertenece y no ve nada que lo apoye contra él; en fin, si el soldado abusa le juzgará su jefe y no la autoridad cuyas órdenes viola, mientras que el gendarme no olvida que el poder civil pesa todo sobre él.

Trastórnense estos principios y resulta lo que debe ser: el soldado que en una sociedad bien organizada apenas hace sentir su presencia, cuando atraviesa las calles con silencio, que no molesta ni hostiliza a nadie, que considera a sus compatriotas como a sus protegidos y no afila su sable más que para el enemigo extranjero, es grande y noble; el amor de sus conciudadanos es su gloria, y nunca los tratará como a enemigos. Pero si a ese soldado lo hacéis custodiar las prisiones, vigilar al delincuente, batirse con él en los caminos, presidir las reuniones públicas y herir en ellas como enemigos a sus conciudadanos porque se atropellan o gritan, ese hombre dejará de ser soldado para convertirse en corchete: cambiará la gloria por la crueldad, confundirá al enemigo extranjero con su compatriota inerme, y recibirá odio en vez de amor.”

Es evidente que Mariano Otero, quería prevenirnos del creciente poder que las fuerzas armadas pueden tomar. No es que sea profético, Otero, vivió en los años de la independencia de México, los dos imperios y la república centralista. Conocía, de viva voz, las consecuencias de la militarización de la esfera política y civil de la sociedad.

La realidad es muy diferente. El soldado si hace sentir su presencia; de hecho, como una técnica para disuadir al crimen organizado, los convoyes militares son más comunes. El Estado manifiesta su “fuerte” presencia a través de una unidad militar cuando no posee instituciones sólidas y confiables. El soldado “afila su sable” contra sus propios conciudadanos; efectivamente custodia las prisiones vigila a los delincuentes y se bate con ellos. Mientras que el oficial de policía, ya no confía en la fuerza pacífica de la ley, hostiliza y ve en sus conciudadanos a un enemigo.

De ningún modo se trata de demonizar a las fuerzas armadas de nuestro país. Ellos tienen una labor muy importante, defendernos de los enemigos extranjeros e internos que representen una amenaza a la seguridad nacional. Cuando su trabajo se reduce únicamente a dichas labores, es digno de reconocer, y mal que bien, lo han hecho hasta ahora. Como Otero menciona, trastornar los principios trae condiciones no esperadas ni mucho menos deseables.

La labor humanitaria que los militares hacen en los desastres naturales es muy loable y siempre se ha reconocido. Su entrenamiento, capacitación y recursos los hacen idóneos para aquellas tareas. El plan DN-III,  es una de las mejores tareas que nuestros militares han hecho, incluso ha sido reconocida y copiada por otros países. Sin embargo, la ayuda humanitaria es muy distinta a las labores que hoy en día realizan.

Nuestros cuerpos de seguridad, tanto policíacos como militares, evitan a diario muchas situaciones que pudieron llevar a costar muchas vidas, sin embargo, son escasamente conocidas y muchos menos reconocidas. Ciertamente, sus errores quedan bajo el escrutinio de la sociedad en general. No obstante, el pretexto de hacer cumplir la ley no les da el derecho a pisotear y coartar  el de los demás. No podemos olvidar que “Nadie está  por encima de la ley”.

La solución no es militarizar nuestro país, tampoco militarizar a nuestra policía. La violencia, corrupción y la delincuencia organizada son un problema institucional. La profesionalización de nuestra policía es solo parte de la solución. Un policía no puede sentirse seguro de aplicar la ley cuando se está frente a funcionarios corruptos o individuos influyentes, que no solo amenazan su empleo sino también su integridad. También se necesita de un sistema de justicia expedito, que garantice el cumplimiento de la ley. Pero como puede un juez condenar a un delincuente, cuando su vida y la de sus seres queridos se ve amenazada, peor aún, cuando no hay nadie que haga cumplir su sentencia.

Nuestro país necesita de un autentico estado de derechos y no uno de privilegios. No obstante, lo anterior viene siendo una promesa por parte de nuestros gobernantes en cada elección que hay. El resultado es que, hasta ahora, seguimos esperando a que suceda.

La centralización del poder atenta, siempre, contra las libertades y derechos de los individuos. La militarización de un país es propio de sociedades fallidas, que, como consecuencia, conducen al fascismo y cualquier clase de totalitarismo. Una democracia se basa en instituciones fuertes y sólidas, no en la fuerza de su ejercito. Es por ello, que cualquier política pública encaminada a concentrar el poder en pocas manos, debe ser vista con malos ojos. Militarizar nuestro país no es algo que deba tomarse tan a la ligera.

*El acuerdo en la fundamental, base de la unidad nacional-mariano otero.

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