Rothbard: sobre el movimiento de liberación femenina.

Hace poco, me encontré con este, magnífico, ensayo escrito por Murray Rothbard, en la decada de los 70´s.“Enderazando la gran cuestión de la liberación femenina” “The Great Women´s Liberation Issue: Setting it Straight”, forma parte de una compilación de ensayos, publicados en forma de libro bajo el título de: “El igualitarismo como rebelión contra la naturaleza y otros ensayos” / “Egalitarianism as a revolt against nature and other essays“.

rothbard-56-portrait-1Rothbard, fue un economista y teórico-político anarco-capitalista, uno de los máximos representantes de la Escuela Austriaca de economía. Las obras de Rothbard, abarcan una gran cantidad de temas y aspectos, sus poco más de 25 libros y miles de artículos van más allá de la economía. Su trabajo toca temas de: economía, dinero y banca, así como de libertad, historia general e historia del pensamiento económico y político.

Un hombre que no solo dedico su vida a la investigación y escritura, sino que siempre batalló contra toda tendencia destructiva de este siglo y despertó una pasión por la libertad en intelectuales, activistas y periodistas. Su obra (discursos, escritos y esfuerzos en distintas organizaciones), sentó las bases y dio forma al moderno movimiento libertario, así como al segundo renacimiento de la escuela austriaca de economía.

Su lucha gira en torno, tanto al ámbito académico como popular, por la libertad y la propiedad, así como contra el Estado omnipotente y sus intelectuales cortesanos. O como el mismo la definía: “My own basic perspective on the history of man…is to place central importance on the great conflict which is eternally waged between Liberty and Power.”-Murray N. Rothbard, Conceived in Liberty, Volume Two (Arlington House, New Rochelle, N.Y., 1975), p.9. Se trata de una lucha eterna entre la libertad y el poder. Es una batalla entre el productivo y pacífico individuo, y el Estado intrusivo que usurpa esos productos.

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Murray Rothbard.

Su ensayo sobre la liberación femenina, aporta una visión nueva y fresca de este conflicto. Su pensamiento y teorías son radicales, no se pueden ubicar como de izquierda o derecha. Sin duda, sus argumentos y teorías constituyen un desafío intelectual. El ensayo parte del axioma principal que los partidarios del igualitarismo sostienen: todas las personas, por lo tanto todos los grupos de personas, son uniformes e iguales, se sigue entonces para ellos que cualquiera y todas las diferencias en status, el prestigio o autoridad en la sociedad deben ser el resultado de la opresión injusta e irracional discriminación. Para Rothbard, el igualitarismo conduce, forzosamente, a la intromisión del Estado, a políticas estatistas que atentan contra la estructura ontológica de la realidad.

Rothbard podrá ser “raro”, radical, intransigente, políticamente incorrecto e incluso hasta utópico, pero jamás podrá ser tachado de machista u opresor. La sola idea de ser calificado de esa manera es totalmente absurda para una persona que dedicó su vida a la causa de la libertad de la minoría más pequeña en este mundo, el individuo.

Es claro que, algunas ramas del feminismo más democrático, han logrado y pueden estar orgullosas que sus acciones devinieron en una mejora en la calidad de vida de las mujeres. Básicamente, son aquellas en donde se reconocen los mismos derechos (naturales) que los hombres tienen. Es decir, una sociedad donde los individuos coexistan en igualdad de derechos, pero únicamente en ello; las desigualdades sociales, laborales, económicas, son fenómenos que no son resultado directo de alguna acción que pudiera ir en su contra.

El feminismo, o al menos en su versión más radical, ha permeado profundamente en las universidades públicas y privadas, así como demás instituciones. De tal modo, que cuando un hombre o mujer no comparte las mismas ideas, éstos,  son fuertemente atacados e incluso censurados. En el caso de los hombres, comúnmente, son calificados como “machistas u opresores”, acusados de promover la violencia, el odio contra la mujer, o en el mejor de los casos, de ignorante o enajenados.  En el caso de las mujeres, éstas, son descalificadas bajo el supuesto de que han sido sometidas a años, sino es que siglos, de lavado de cerebro, por lo cual son incapaces de apreciar la “verdad”.

Un ejemplo, claro y reciente, es el de la economista Vanessa Vallejo, quien fue censurada en facebook, por manifestar una opinión contraria al del colectivo feminista. La opinión de Vallejo, criticaba la intencional campaña de victimización de la mujer para conseguir privilegios, así como la banal e insulsa lucha por la erradicación de estereotipos en los medios de comunicación. Su opinión se popularizó y viralizó, sin embargo, algunas mujeres se sintieron ofendidas, carentes de argumentos racionales, optaron por denunciar una opinión que no compartían, culminando así con la censura de Vanessa Vallejo. Los partidarios del liberalismo, como Vanessa Vallejo y un servidor, siempre hemos defendido el derecho a la libre expresión. Es decir, respetamos y defendemos el derechos a pensar y expresar libremente cualquier idea, incluso la más retrograda o incómoda. El caso de Vallejo, es claro, un movimiento o al menos algunos de sus representantes, atentaron contra su libertad de expresión.

Bajo la bandera e ideas que pregonan el feminismo, ya sea en su forma radical o “democrática”, se ha erigido una agenda política. En la cual se pueden encontrar propuestas como: igualdad de salarios (sin importar que no sea el mismo trabajo. Entiéndase que cuando se ha comprobado que una mujer no gana lo mismo que un hombre por la misma cantidad y calidad de trabajo, se debe acudir a un abogado y no a un legislador), discriminación positiva, departamentos educativos sobre “estudios de la mujer”, cuotas de género o representación, así como toda una variada y nueva serie de políticas públicas incompatibles con la libertad, las cuales representan un claro y evidente atentado contra la libertad personal.

Sería obtuso y pecaría de reduccionista al calificar a todo el colectivo feminista como he descrito anteriormente. Es evidente que existen honrosas excepciones en el, o al menos eso quiero creer. Sin embargo, es importante resaltar las ideas y sentimientos negativos y totalitarios que se esconden, hábil y astutamente, detrás del movimiento, y que, por supuesto, sostienen algunos de sus partidarios. El odio irracional es el que se esconde detrás del feminismo más radical y violento. La defensa de los derechos de la mujer, es una mera excusa al servicio de su odio. Las personas con ideas violentas, son las que se debería de detener y extraer, ya que representan un obstáculo para su movimiento. Por ponerlo de esta manera, mientras existen mujeres de este movimiento, que se esfuerzan y sacrifican por encontrar verdaderas soluciones e ideas que mejoren las condiciones de vida de la mujer, su rama más radical, atenta contra individuos totalmente inocentes y ajenos.

Por paradójico que parezca, la violencia está presente en el movimiento. Los Encuentros Nacionales de Mujeres en Argentina, siempre están plagados de ataques y violencia. Ataques en contra de transeúntes, así como en contra de la propiedad privada y pública. A tal grado, que en la última marcha, se trató de incendiar la catedral, numerosos policías heridos y algunos con impactos de bala, fueron los saldos de dicha manifestación. Otro caso, es el que nos describe Rothbard, en su ensayo. El intento de homicidio en contra de Andy Warhol, el cual recibió, cuando menos, el apoyo de la rama más radical el movimiento en aquel tiempo.

Lo anterior es bastante curioso, más aún, cuando traemos a colación uno de los argumentos preferidos de las feministas: la “violencia de género”. Sus respuestas a cualquier argumento en contra son siempre sarcásticas y socarronas, pero sosas. Al parecer los hombres blancos, heterosexuales y de mediana edad -priviliegiados- están dotados de una clase de “escudo hetero-patricarcal” que los hace inmunes a cualquier tipo de violencia y por tal , si no son ignorados , se les concede una menor importancia, porque en sus ofuscadas mentes, las mujeres son las únicas victimas de la violencia.

Si somos estrictos, la “violencia de género” no puede existir. Las personas no tienen género, las palabras tienen género: femenino, masculino y neutral. Para hacer énfasis en las diferencias biológicas, se usa el término “sexo”. No obstante, gracias a los movimientos feministas y a los defensores de la ideología de género (un movimiento retrógrada y sin bases científicas), el término “género”, aunque no oficialmente (RAE), ha pasado a usarse como sinónimo de “sexo”.

La “violencia de género”, es definida por la ONU: como aquella que se dirige a individuos o grupos, en base a su género. Para ello, es conveniente puntualizar, en que la violencia por si sola es diferente a la ” violencia de género”. Para poder calificar un acto violento , como “violencia de género”, debe, forzosamente, comprobarse que el móvil del acto es el odio hacia el género en cuestión. De no existir un odio evidente, cae únicamente en el supuesto de violencia.

Al igual que el término “género”, la expresión “violencia de género” se ha popularizado, su mal uso ha ocasionado que la violencia del hombre hacia la mujer, sea en automático calificada como tal, dejando a un lado o ignorando el verdadero móvil de tal acción. Por lo tanto, cualquier acto de violencia hacia la mujer, es en automático “violencia de género”. Dicha idea difiere bastante de la realidad.

La violencia, no únicamente la que ejercen los hombres hacia las mujeres, es un fenómeno complejo, y que puede obedecer a diversas causas. El argumento del género en la violencia, es profundamente engañoso.

Sin duda, podríamos demostrar con una variada gama de estudios, investigaciones y estadísticas, lo contrario. Pero a riesgo de caer en la misma situación  que las feministas lo evitaremos. Un análisis sesgado, superfluo y subjetivo, podría llevarnos a afirmar que únicamente un grupo, ya sea mayoría o minoría, está más expuesto a la violencia. Las cifras demuestran lo contrario, la violencia no hace distinción de género, raza, sexo, religión, nacionalidad, idioma, etc. Por lo tanto, el uso de reduccionismos absolutistas no explica la complejidad de la situación. Si tomamos en cuenta, que cualquier individuo está expuesto a la violencia, tanto hombres como mujeres, se podrían hacer avances en la reducción de ésta.

“En la familia, el hombre es el burgués y la mujer el proletariado”, escribía en 1884 Friedrich Engels (El origen del Estado, la familia y la propiedad privada). Bajo el supuesto anterior, el feminismo, se separa y aleja del liberalismo, dando comienzo a un movimiento de clase socialista.

Sin embargo, pocos conocen la antigua y estrecha relación, que el feminismo tuvo en sus inicios con el liberalismo. Murray Rothbard, Ludwig Von Mises y John Stuart Mill, son solo algunos liberales que se han ocupado de manera específica a la causa de la libertad de la mujer, aunque por definición cualquier liberal lo está. Cuando el feminismo se limita a las libertades económicas y legales, que permitan a la mujer autodeterminarse, entonces encuentra un amigo en el liberalismo, ya que como Mises argumentaba, no es mas que, “una rama del gran movimiento liberal, que defiende la evolución pacífica y libre”.

John Stuart Mill, no se queda atrás. Es uno de los pocos liberales que han dedicado un tratado a la cuestión de los derechos y liberación de la mujer. En su tratado titulado: “El sometimiento de la mujer”/ “La esclavitud femenina”, constituye una defensa  a su causa. Si bien, no fue la primera persona en tomar la bandera del feminismo, ya que le precedieron mucho otros, su batalla consistió en llevar al parlamento inglés, e iniciar el debate sobre el sufragio femenino, cuestión que perduró hasta 1930. Su lucha no se limita a ello, ya que gracias al curul que gozaba en la Cámara de los Comunes, se propuso que las mujeres gozaran de los mismo derechos que los hombres (ciudadanía, empleos, educación básica, etc.).

La postura e ideas de Mill adquieren relevancia por dos razones fundamentales; la primera es, las ideas revolucionarias que aporta para la sociedad victoriana del S. XIX; la segunda es, su naturaleza masculina, su condición de hombre.

Tristemente, éstos personajes, así como la ideología liberal, brillan por su ausencia en los círculos feministas. En el caso de Mises y Rothbard, es tal vez, su sensatez e incorrección política, que los hacen impopulares. Por el otro lado, Mill, su análisis es, aunque no principalmente, mayormente económico y frívolo.

Como sostienen, Mill y muchos otros liberales, en sus distintas ramificaciones, la inclusión de la mujer, en todos los aspectos y esferas de la humanidad es preponderante. Ciertamente, no solo representa un beneficio para la sociedad en su conjunto, sino que también para cada hombre. Nunca sabremos de cuantos avances y progresos nos habremos perdido por realizar una inclusión parcial y tardía de la mujer en sociedad.

No obstante, a partir de la segunda ola del feminismo, se acuña una ideología distinta. Sucede como, acertadamente, describió  Mises,  el movimiento se convirtió en “el hijo espiritual del socialismo”, dada su nueva tendencia a “alterar las instituciones de la vida social bajo la impresión de que así se podrían eliminar las barreras naturales”. Esta asociación parte de la idea que postula el socialismo, tratar de reformar a la naturaleza y sus leyes a través, no solo de la reforma, sino de la destrucción de las instituciones sociales.

Lo anterior no solo es una forma perversa e indirecta de oponerse a la democracia, sino que también constituye un fuerte abrazo al totalitarismo. La democracia necesita de instituciones fuertes y sólidas, que provean de un Estado de Derecho y no uno de privilegios, la libertad de los individuos, así como la transparencia y rendición de cuentas por parte de sus gobernantes.

Aunque la teoría social del marxismo clásico, es clara respecto a la verdadera revolución, es decir, la lucha de clases que ocurre a nivel de la estructura social. Bajo la idea de vivir en una sociedad “patriarcal”, “hetero-patriarcal” e incluso, “hetero-capitalista”, se traslada la lucha de clases a una lucha de sexos, una misma lógica dialéctica, pero diferentes sujetos revolucionarios.

La realidad es tal y como denuncia Rothbard, con ropajes atractivos y simpáticos, las ideas del movimiento se imponen como novedosas, sin embargo, no hay nada nuevo bajo el sol, y menos para algo que tiene siglos de existir: el totalitarismo de izquierda.

La invitación está abierta a todos aquellos que deseen encontrar en la teoría liberal, un refugio para sus ideas y convicciones. Aunque, como se mencionó anteriormente, los trabajos que versan, de manera particular, sobre la liberación de la mujer no son muchos, si lo son de manera general. Encontrar artículos y libros sobre el liberalismo, es relativamente fácil, económico y asequible, sino es que gratuito en muchos casos, todo ellos gracias al esfuerzo de muchos individuos e instituciones.

Aquí les dejo el ensayo del que les hablo:

Enderezando la gran cuestión sobre la liberación femenina

También aquí, una breves notas sobre las cuotas de género o representación.

Cuotas de Representación.

De igual manera, si les interesa, les dejo la obra de John Stuart Mill.

El sometimiento de la mujer

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